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lunes, 12 de octubre de 2009

Me gustaría ser

Me gustaría ser… una cartera de mujer

Me gustaría ser una cartera de mujer.
Porque guarda los secretos y misterios de su dueña en cada objeto.
Para saber detrás del rimel que hay en sus ojos cuando brillan ante quien la deslumbra, cuando se enternece con sus hijos o cuando los moja en soledad.
Para saber que colores darán sus besos cuando sale dispuesta a los encuentros.
Para saber cuando oculta su mirada para espiar de reojo a quien le interesa.
Para saber a que huele cuando va a la conquista o simplemente a lo cotidiano.
Para saber si el valor de sus adornos dicen de su humildad o arrogancia; y porque no, cuando llega el momento en que se los quita.
Para saber cuando el amor es fecundo y las ilusiones se hacen música en la creación de la sangre de nuestra sangre.
Para saber tantas cosas que los hombres no sabemos pero, recapacito y aunque me gustaría ser una de esas carteras, dejaría de lado la oportunidad de serlo tan solo para conservar el misterio que cada mujer encierra en su insondable cartera.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Narrativa

La escapada
¡Qué hermoso que está el río! Buena pesca, unos ricos mates y con la Rosita. ¡Ha, la Rosita! Quién lo diría que se iba a animar a meterle los cuernos al milico. Seis meses me costó perseguirla hasta que la convencí, para que se escapara a pescar conmigo. Si la vieran los giles de la barra así, tomando sol en la proa, ahora no dirían que está gorda.
¡Aps!, parece que picó uno grande. ¡Cómo tira el desgraciado! ¡Uy, la puta me resbalé y encima me caigo al agua enredado! Espero que no sea muy profundo así toco fondo y me impulso para poder salir. ¡Ahí está! ¡Con fuerza, rápido que se me acaba el aire! ¡Ay! ¡La puta madre, me rompí la cabeza contra el fondo de la lancha! Voy a alejarme para no chocármelo otra vez. Espero que la correntada no me lleve muy lejos porque está muy fuerte. ¡Uf, por fin salí! ¿Pero, qué pasa? ¿Porqué llora la Rosita? ¿Qué hace esa gente en la lancha? ¿Y yo, qué hago ahí, si estoy acá? ¡Nooo…! ¡Qué boludo, cómo me vine a morir así! ¡Justo ahora que tenía un montón de cosas para hacer! ¡Pero lo peor, va a ser el kilombo que se le va armar a la Rosita cuando el marido se entere!

lunes, 3 de agosto de 2009

Desde la oscuridad llegó la revelación

Desde la oscuridad llegó la revelación.

Quise adquirir lo mismo que había visto en un documental, la sabiduría de los chamanes.
Averigüé dónde podía encontrar a alguien así y allá me dirigí. Tuve que viajar hasta un pequeño poblado donde vivía uno de buena fama y le expliqué cuál era mi intensión, que me enseñara cómo se lograba ese prodigio.
En un principio se negó pero debido a mi insistencia y el ofrecimiento de unos pesos, aceptó.
Nos encaminamos hacia un monte que estaba alejado de la población. Mientras lo hacíamos, le escuché que murmuraba una especie de mantra y en ocasiones, se detenía para hacer un gesto a un lado y otro con una especie de báculo que me pareció eran bendiciones.
Nos internamos en el monte y caminamos en silencio hasta llegar a un claro. Era un lugar donde comprendí que realizaba sus ceremonias porque había un círculo de piedras y en el centro vestigios de fogatas.
Antes de entrar en él, se volvió hacia mi, sacó de un bolso un collar de cuentas y me lo colgó, lo mismo hizo con otro en su cuello. Luego se calzó una vincha con adornos de hueso y espejitos. Me pidió que inclinara la cabeza y para purificarme, según dijo, me echó un poco de aguardiente en la nuca.
Entramos en el círculo. Encendió una fogata y me dio para que bebiera un chifle de guampa. Lo sorbí con cautela; tenía un gusto entre ácido y amargo. Me hizo toser en los primeros tragos.
Sentados frente al fuego, comenzó a entonar cánticos en un lenguaje que no entendí mientras hacía ritmo con un sonajero de calabaza decorado con cuentas de colores. Me pidió que cantara con él.
De vez en cuando, tomaba un trago mientras perdía la vista en el fuego, me hamacaba y cantaba.
Al rato, comencé a entrar en un sopor; luego, vi que el fuego comenzó a tomar formas extrañas y colores que jamás había imaginado. Escuchaba sonidos extraños y voces ininteligibles hasta que todo se hizo oscuro, vacío, un espacio donde era la nada, insustancial. De pronto, desde la oscuridad en una explosión de luz de colores cambiantes, me llegó la revelación, clara y simple.
Ahora que sé cuál es, puedo decirles en qué consiste; consiste en hacer el viaje personal de su búsqueda permanentemente, un viaje íntimo, intransferible, sin final, desde la simpleza de la vida.

domingo, 7 de junio de 2009

SINTETICUENTO - Cuento breve

El navegante

Aquel hombre, salió en su bote a navegar en solitario hacia alta mar. Quería sentir lo que era el infinito.
Divisó una isla a lo lejos y remó y remó hasta que bajó en ella. Era el Paraíso que había soñado y allí, se quedó para siempre.
Días después, la prefectura solo encontró el bote a la deriva y nunca se supo de su existencia, ni de esa isla.

viernes, 8 de mayo de 2009

Miré por el ojo de la cerradura

Miré por el ojo de la cerradura

Miré por el ojo de la cerradura y la sombra sobre la pared dibujó un brazo en alto con un enorme cuchillo.
Escuché que imploraban que no lo haga.
Tomé valor y entré con intensión de socorrer y me sorprendí. Estaba cortando el cable de Internet de la habitación de su hijo.

Miré por el ojo de la cerradura y vi a mi abuelo muerto hace años. Me asusté.
Volví a hacerlo y vi a mi madre también muerta.
Abrí la puerta y entré.
Desde allí volví a mirar por ella y vi a toda mi familia, pero yo también estaba.

Miré por el ojo de la cerradura y vi montañas. Luego volví a hacerlo y vi el mar.
Después, todo oscuro. Hubo un destello.
Insistí en mirar y me vi en el cielo.

viernes, 10 de abril de 2009

SOY UN SOFA

Soy un sofá

Me parece mentira haber llegado al estado que tengo en este momento pero, muchas cosas me reconfortan.
Recuerdo que un carpintero cantaba y silbaba mientras hacía mi esqueleto. Me mimaba en cada pasada del cepillo, la lija era una caricia que luego devolvía con la suavidad de mi textura.
Y al tapicero. Me emociono cuando pienso que se acostaba pensando con que trama, color o dibujo me vestiría. Sentí que era un diplomático con su sastre privado confeccionándole el mejor traje.
También recuerdo con que alegría me trajeron a la casa y buscaron el lugar más apropiado de la sala luego de varios cambios de opinión.
¡Y cómo no voy a recordar, cuando aún estaban sin los niños y en mi regazo hacían esas locuras que me cambiaban el color hasta ponerme rojo!
Pero como lo bueno dura poco, comenzaron las penurias.
Al principio soporté las manchas, pisotones y cortes hechos por la ternura de Tomasito y luego sin tregua, todo lo de dos hermanitos más.
Mi estructura que ya no tenía la fortaleza del principio, empezó a flaquear y la imagen, quedó hecha una porquería.
Pero lo peor, lo que no soporté, fue cuando trajeron a Sultán.
Cuando era cachorro, me mordisqueó todas las patas y luego al crecer como un caballo además de llenarme de pelos y babearme todo, hasta me meó cuando se quedaba solo en la casa.
Ahora estoy tranquilo aquí en el desván aunque, esperando que esta enfermedad que carcome mi armazón, me de la paz eterna.
Y me resigno, ya cumplí con mi tarea y brindo por eso.
A pesar de todo, los quiero. Sé que siempre estaré con ellos aunque no se den cuenta, en los retratos de la familia.

sábado, 5 de julio de 2008

Me gustaría ser

Me gustaría ser… una cartera de mujer

Me gustaría ser una cartera de mujer.
Porque guarda los secretos y misterios de su dueña en cada objeto.
Para saber detrás del rimel que hay en sus ojos cuando brillan ante quien la deslumbra, cuando se enternece con sus hijos o cuando los moja en soledad.
Para saber que colores darán sus besos cuando sale dispuesta a los encuentros.
Para saber cuando oculta su mirada para espiar de reojo a quien le interesa.
Para saber a que huele cuando va a la conquista o simplemente a lo cotidiano.
Para saber si el valor de sus adornos dicen de su humildad o arrogancia; y porque no, cuando llega el momento en que se los quita.
Para saber cuando el amor es fecundo y la ilusiones se hacen música en la creación de la sangre de nuestra sangre.
Para saber tantas cosas que los hombres no sabemos pero, recapacito y aunque me gustaría ser una de esas carteras, dejaría de lado la oportunidad de serlo tan solo para conservar el misterio que cada mujer encierra en su insondable cartera.

domingo, 1 de junio de 2008

La flor de cada día

María José atendía un puesto de flores en la peatonal. En el había una gran variedad, siempre frescas y en un orden impecable, le decían algunos clientes; otros de ella, una flor entre las flores.
Especialmente uno que dos veces a la semana por la tarde le compraba las mismas flores y la misma cantidad. Los martes, tres y los viernes cuatro. Una por cada día de la semana para recordarla, le decía, a lo que le devolvía la galantería del viejo cliente con una sonrisa.
No eran flores de gran belleza o perfume sino, simples, que en el centro tenían una especie de esponjita redonda.
Los halagos y comentarios fueron haciéndose más largos con el correr de las semanas. A ella no le extrañaba que aquel señor de apariencia seria y respetuosa tuviera esa actitud, se sentía bien y así amenizaba la rutina que deseaba que terminara pronto. Sus padres y su hija la esperaban con ansias allá en el barrio sur.
Un día se le despertó el interés de saber el porqué de ese capricho de llevar siempre las mismas flores, la misma cantidad y los mismos días. Cuando llegó a buscarlas, le preguntó el porqué de todo ello, cuál era la razón, a lo que le respondió sonriendo: - porque en ellas estás vos cada día de la semana.
Una tarde mientras arreglaba unos ramos, aquella respuesta no se alejaba de su mente pues que había vislumbrado algo más que el piropo.
Todo siguió como de costumbre y no se animó a indagar más sobre el asunto hasta que él, no apareció a comprar sus flores. Imaginó que estaría de viaje o quizás enfermo; pero llegó un mensajero con una nota del cliente. La misma tenía una dirección y el pedido acostumbrado.
Pudo enviárselas pero como quedaba cerca, decidió llevarlas personalmente para conocer algo más de ese misterioso comprador.
Vivía en un edificio de departamentos vetustos, el suyo estaba en el tercer piso y daba hacia la calle. Se paró frente a la puerta y tímidamente, indecisa golpeó. Reconoció la voz que le indicaba que entrara pues la puerta estaba sin llave. En la única habitación, encontró al hombre en la cama. La recibió con alegría haciendo un gran esfuerzo por incorporarse mientras tosía.
La florista comprendió entonces, a ese pobre hombre con su soledad a cuestas demandando un poco de afecto y compañía.
Recorrió con su vista disimuladamente el lugar y vio que todo estaba ordenado y pulcro. Pero al mirar hacia la ventana que daba a la calle, su corazón dio un brinco. Allí en el vano de la misma, había siete floreros con los nombres de los días de la semana y en cada uno de ellos una flor, solo faltaban las tres que tenía en la mano. Lo extraño, lo que la dejó sin aire fue ver que en el centro de la última flor, en la que correspondía a ese día, había una foto de su rostro.