El río está triste
El río está triste, la creciente abruma de silencio, no
se escucha el zureo de palomas, el canto chibiros, ni de urracas. En el cielo
no hay vuelos de caranchos, ni garzas, tampoco de abejorros ni avispas.
Los carpinchos y cerdos salvajes al igual que las
serpientes, huyeron hacia los montes de tierra firme. Los animales que
pastaban, fueron llevados en barcazas o a nado hacia terrenos más altos.
Solo se ven las copas de los árboles. El río se ha vuelto
mar, las orillas quedaron lejos. Lo único que navega son palos, basura y
árboles arrancados de la costa; también, embalsados de camalotes. Nadie se
atreve a desafiar la correntada, no hay embarcaciones, los pescadores con sus
pequeños botes, buscan sus presas dentro de los arroyos.
Se siente tristeza, el aire enrarecido, la presión de la
profundidad ejerce fuerza contra la de arriba.
El río, no es nada más que agua encauzada, tiene vida
propia. Tiene carácter, sentimientos, todo le afecta y se manifiesta.
El río está triste, se ahoga de pena, es llanto de la
tierra que llora por la iniquidad del hombre.
Rubén Daniel Roude