viernes, 8 de mayo de 2009

Dos horas

“Reloj…, detén el tiempo en tus manos / has de esta noche perpetua / para que nunca se vaya de mi / para que nunca amanezca.”
Roberto Cantoral

Dos horas


Todo su cuerpo vibró
y los sentidos la enajenaron.
Su piel fue de seda al tacto de las caricias
de aquellos dedos de casi plumas al recorrerla.
Allí tuvo al cosmos en sus manos,
se transportó, navegó por él.
Vivió en el paraíso aquellas dos horas.
Cuando salió de la habitación del hotel
y cerró la puerta,
fue como despertar de un sueño,
con la desesperanza de todo aquel
que pierde algo valioso.
Sintió que todo,
volvía a ser igual que siempre.

viernes, 10 de abril de 2009

OLEO

¿Dónde la miseria?

¿Dónde la miseria?

Los vi aprender a la sombra de un árbol
junto a los pájaros, a la libertad.

No se desbordan,
solo accionan la necesidad al ritmo que les rodea.

Quiero ese aula transgresora, pura, franca.

Quizás la miseria a los ojos desde acá,
esta en la cabeza de nuestro patio.

Adiós

Adiós

Ella se dio un consuelo
igual que un caramelo
que se da al llanto de un niño.

En ese adiós claudicado
expiró en un piar:
gracias por haberme contenido
y los besos de gato que llevo.

El colgó el tubo en silencio
tañeron sus vértebras
en la capilla ardiente
del sueño muerto.

SINTETICUENTO - Cuento breve

EN LA PLAZA

En un banco de la plaza, él la besó con ternura y una lágrima le bajó queda por la mejilla.
Ella suspiró hondo y alzó los ojos que en una nube quedaron.
Junto con los cánticos que más allá se elevaban al cielo pidiendo justicia, rogaba que su alma no se le fuera por la herida.

SOY UN SOFA

Soy un sofá

Me parece mentira haber llegado al estado que tengo en este momento pero, muchas cosas me reconfortan.
Recuerdo que un carpintero cantaba y silbaba mientras hacía mi esqueleto. Me mimaba en cada pasada del cepillo, la lija era una caricia que luego devolvía con la suavidad de mi textura.
Y al tapicero. Me emociono cuando pienso que se acostaba pensando con que trama, color o dibujo me vestiría. Sentí que era un diplomático con su sastre privado confeccionándole el mejor traje.
También recuerdo con que alegría me trajeron a la casa y buscaron el lugar más apropiado de la sala luego de varios cambios de opinión.
¡Y cómo no voy a recordar, cuando aún estaban sin los niños y en mi regazo hacían esas locuras que me cambiaban el color hasta ponerme rojo!
Pero como lo bueno dura poco, comenzaron las penurias.
Al principio soporté las manchas, pisotones y cortes hechos por la ternura de Tomasito y luego sin tregua, todo lo de dos hermanitos más.
Mi estructura que ya no tenía la fortaleza del principio, empezó a flaquear y la imagen, quedó hecha una porquería.
Pero lo peor, lo que no soporté, fue cuando trajeron a Sultán.
Cuando era cachorro, me mordisqueó todas las patas y luego al crecer como un caballo además de llenarme de pelos y babearme todo, hasta me meó cuando se quedaba solo en la casa.
Ahora estoy tranquilo aquí en el desván aunque, esperando que esta enfermedad que carcome mi armazón, me de la paz eterna.
Y me resigno, ya cumplí con mi tarea y brindo por eso.
A pesar de todo, los quiero. Sé que siempre estaré con ellos aunque no se den cuenta, en los retratos de la familia.

viernes, 6 de marzo de 2009