lunes, 12 de octubre de 2009

SINTETICUENTO - Cuento breve

Por amor

Lo amaba tanto, con locura, que sin él era un hecho que se moriría.
Vivía solo para él. Todo el tiempo le brindaba atenciones, ya con la ropa, la higiene, la apariencia, todo era obsesión.
La loca de amor, dormía siempre abrazada a él y le acariciaba y acariciaba el cabello; hasta que éste se le quedó en la mano y el hdor del cadáver se hizo insoportable.

Me gustaría ser

Me gustaría ser… una cartera de mujer

Me gustaría ser una cartera de mujer.
Porque guarda los secretos y misterios de su dueña en cada objeto.
Para saber detrás del rimel que hay en sus ojos cuando brillan ante quien la deslumbra, cuando se enternece con sus hijos o cuando los moja en soledad.
Para saber que colores darán sus besos cuando sale dispuesta a los encuentros.
Para saber cuando oculta su mirada para espiar de reojo a quien le interesa.
Para saber a que huele cuando va a la conquista o simplemente a lo cotidiano.
Para saber si el valor de sus adornos dicen de su humildad o arrogancia; y porque no, cuando llega el momento en que se los quita.
Para saber cuando el amor es fecundo y las ilusiones se hacen música en la creación de la sangre de nuestra sangre.
Para saber tantas cosas que los hombres no sabemos pero, recapacito y aunque me gustaría ser una de esas carteras, dejaría de lado la oportunidad de serlo tan solo para conservar el misterio que cada mujer encierra en su insondable cartera.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Oleo

Sinteticuento - Cuento breve

La ofrenda
El monje depositó la ofrenda de alimentos delante de la estatua de su dios y se agachó para reverenciarlo.
Cuando estaba en eso, pasó un mono y se llevó el alimento.
El monje volvió a erguirse y al ver que la comida ya no estaba, rezó el doble agradeciendo al dios por haberle aceptado su ofrenda.

Narrativa

La escapada
¡Qué hermoso que está el río! Buena pesca, unos ricos mates y con la Rosita. ¡Ha, la Rosita! Quién lo diría que se iba a animar a meterle los cuernos al milico. Seis meses me costó perseguirla hasta que la convencí, para que se escapara a pescar conmigo. Si la vieran los giles de la barra así, tomando sol en la proa, ahora no dirían que está gorda.
¡Aps!, parece que picó uno grande. ¡Cómo tira el desgraciado! ¡Uy, la puta me resbalé y encima me caigo al agua enredado! Espero que no sea muy profundo así toco fondo y me impulso para poder salir. ¡Ahí está! ¡Con fuerza, rápido que se me acaba el aire! ¡Ay! ¡La puta madre, me rompí la cabeza contra el fondo de la lancha! Voy a alejarme para no chocármelo otra vez. Espero que la correntada no me lleve muy lejos porque está muy fuerte. ¡Uf, por fin salí! ¿Pero, qué pasa? ¿Porqué llora la Rosita? ¿Qué hace esa gente en la lancha? ¿Y yo, qué hago ahí, si estoy acá? ¡Nooo…! ¡Qué boludo, cómo me vine a morir así! ¡Justo ahora que tenía un montón de cosas para hacer! ¡Pero lo peor, va a ser el kilombo que se le va armar a la Rosita cuando el marido se entere!

Poesía

Cautivo social

Perdido entre humo
de estufa y cocina
como día sin changa.

Sumergido en la cajita
destila el fuego
urgencia animal
no discrimina, viola
reparte hambre, miseria
esperma ignorante.

Cautivo social de urnas
lo condena la boleta.

Poesía

Beso añorado
Dibuja corazones
el sahumerio en el aire
y el beso que añora.

Sobre la ciudad la niebla
pierde el rumbo a los suicidas.

Las ventanas miran retratos en sepia.

Para las agujas en la esquina
un Carlitos que reparte soles.

Gotean las flores el frío de la mañana
el calor del ojal
ilumina su nombre.