Picar sobre el título
martes, 2 de septiembre de 2014
Memoria de Esc. para Sordos e Hipoacúsicos "Pedro Ponce de León"
http://es.scribd.com/doc/238468989/Memoria-Esc-Sordos
lunes, 18 de agosto de 2014
Un tema de actualidad
IDENTIDAD
Juan Manuel cuando fue
niño, evidenció gustos y conductas distintas a las de cualquier pequeño. No
eran extravagantes pero sí particulares: prefería comer pescado a otra clase de
alimento, durante el día andaba somnoliento y despierto por la noche, su mayor diversión
era subir a los árboles y tenía un carácter retraído, solitario.
Sus amigos y compañeros
de estudios, lo bautizaron con el nombre de “Garfunkel, el gato”, en razón de
su habilidad de treparse a los muros, caminar por el filo de ellos y realizar
saltos en las alturas.
Juan Manuel nació entre
un grupo de gatos. Sus padres eran afectos a tenerlos en casa, los tenían de
distintos colores y tamaños. Cuando comenzó a distinguir lo que veía, lo
primero fueron los gatos que subidos a la cuna y sobre otros muebles que lo
observaban con curiosidad.
Cuando llegó el tiempo
de gatear, coincidencia de palabra, acción y entorno, lo hizo siempre en
compañía de las mascotas, era uno más de la manada. Jugó con ellos todo el
tiempo, durmió y hasta comió de sus bateas. A sus padres les causó gracia estas
actitudes que suponían eran normales, propias de un niño.
Pero cuando fue
creciendo, advirtieron que su conducta no era como la de los demás niños de la
vecindad ni compañeros de escuela. Su aislamiento y hábitos nocturnos fueron
más evidentes y decidieron llevarlo a que lo examinara un médico. Luego de unos
estudios, determinaron que no era autista y tampoco se correspondía con los
niños selváticos como Víctor del Aveyron
de Francia o Marcos Rodríguez Pantoja de España, que luego de abandonados en la
selva adquirieron costumbres iguales a las de los animales que los habían
rodeado. A Juan Manuel lo diferenciaba su sociabilización y hablaba
normalmente, él sabía perfectamente quién era y sabía comportarse y comunicarse
con la gente.
Fue así que con el paso
del tiempo, fue pareciéndose en todo a sus gatos. No sólo por su preferencia a
comer pescado, hígado de vaca y lácteos, sino en su manera de caminar, las
cualidades elásticas y de equilibrio. Podía treparse a cualquier árbol o tapial y desplazarse sobre su filo con total
normalidad; saltar de un balcón a otro y ver en la oscuridad mejor que una
persona normal.
Quizás tenía
condiciones naturales para ello, pero además se ocupó en desarrollar esas
cualidades con ejercicios, hábitos y alimentación. Sentía la urgencia interior
de ser un felino, sabía que era distinto, que esa era su identidad y la
necesidad de serlo lo impulsó a sostenerse en ello contra todas las
adversidades.
Cuando terminó los
estudios secundarios en una escuela nocturna (en las diurnas tuvo problemas con
mantenerse despierto), se empleó como sereno en una fábrica.
Una vez que consiguió
su independencia económica, se fue a vivir solo a un viejo edificio. Allí,
lejos de la presión familiar, la felinidad fue acentuándose; no sólo estuvo rodeado
de gatos sino también vivió como ellos hasta en sus mínimos detalles. Durmió en
un cajón acolchado, comió en una batea con las manos (lo que en un principio
era shuyi, ahora cualquier pescado crudo le daba igual) y anduvo desnudo todo
el tiempo. Esta situación de verse la piel desnuda, lo decidió a cambiarle el
aspecto y a la manera de Tom Leppard, el hombre que se tatuó todo el cuerpo
como la piel de un leopardo y se fue a vivir en soledad a una isla de Escocia,
se hizo tatuar la suya con el color y el aspecto de un gato. Si bien esta nueva
apariencia lo reconfortó, su cara aún no estaba acorde a la identidad. Resolvió
entonces que sus orejas de aspecto normal, fueran remodeladas mediante una
cirugía de otoplastia para darles una forma similar a la de los felinos.
También su dentadura tuvo un cambio con el implante de colmillos largos y
agudos que le dieron completud a su fisonomía.
Las pocas veces que
salió a la calle, fue objeto de atracción. La gente se paró para observarlo y
algunos más audaces, le pidieron permiso para sacarse una foto junto a él. No
era de su gusto, estimó que los suyo no era circense ni para destacarse,
consideró que su identidad era genuina, que en este siglo de acuerdo a la
evolución de la sociedad no debería llamarles la atención ver a una persona
diferente.
Juan Manuel ya no era
la persona que sus padres habían creado, distaba mucho de la imagen de aquel
niño que el vecindario había conocido. Incluso su nombre había quedado en el
recuerdo, los jóvenes de entonces lo llamaron “Garfunkel, el gato”, y con ese
nombre era reconocido ahora por todos.
Había asumido ese
nombre propio al igual que su aspecto y personalidad. Le resultaba desagradable
cuando lo llamaban por el que había recibido al nacer. El mismo se presentaba ante
las personas como: Garfunkel, el Gato.
Cada vez que mostró su
documento de identidad para realizar algún trámite, tuvo problemas porque no
coincidieron sus señas particulares con las que constaban en el mismo. Harto de
esta situación, decidió emprender una campaña televisiva sobre el cambio de
identidad, a la vez que presentó un recurso legal para cambiar dicho documento.
Argumentó que su caso, era igual al de otras personas que habían nacido varón o
mujer, tenían personalidad y aspecto del sexo contrario y la ley les permitió
cambiar su identidad en el documento.
Demandó que se cambie
el nombre de Juan Manuel por el de: Garfunkel El Gato; y donde se identifica al
sexo, diga: macho felino.
lunes, 2 de junio de 2014
Aproximación al libro POEMARIO CARTONERO
APROXIMACIÓN AL LIBRO “POEMARIO
CARTONERO”
de Rubén D. Roude.
Por la Prof.
Aurora Beatriz García
El mundo
representado:
Universo del
humo.
Para acercarnos,
para entrar en el universo poético del Poemario Cartonero, partiremos de
aquella idea de Juan José Saer:
“Un escrito
aumenta, para quien lo emprende, la proximidad de aquello que se dispone a
evocar. Escribir sobre algo es intimar con ello, precisando, no únicamente los
aspectos intelectuales del objeto, sino también, y sobre todo, los emocionales.
Es pasar un
momento intenso, como se dice más espeso que la vida, con el asunto que se
trata.”
La descripción
del paisaje urbano, cuyos actores son los cartoneros, se unifica en el eje
conceptual de la “dignidad”.
La “no
dignidad”, atraviesa el poemario desde los cuatro primeros versos:
“Rosalba pasea
en carroza
Heroína de los
cestos de la calle
Cenicienta de
nuestras cenizas
Cartonera en
sepia urbana.” Hasta los dos últimos versos, que operan como destino inexorable
de la triste vida asumida, como destino implacable de los cartoneros.
…”Por la cuneta
se van desperdicios de transeúntes y su vida”.
El poblado cuyo
nombre es “Olvido”, una villa ensombrecida por el humo, no puede, ni quiere
despertar por la miseria que la acorrala.
El poblado y sus
habitantes viven cautivos, socialmente de urnas y de la condena de la boleta
impuesta. La experiencia comunitaria ciudadana,
se remite a la compra de sus conciencias, con la promesa de algunas
pocas cosas que tal vez servirán para apenas mejorar su vida, pero nunca
servirán para cambiarla.
Todo es
resignación, el alcohol anestesia y da el coraje necesario, para soportar el
hambre y la falta de toda expectativa de vida.
En la niña la
crueldad llega al límite de la fatalidad, porque su ignorancia y su inocencia
mutilan su presente y su futuro de mujer.
“Ella en la
calle cortada
Aspira, se
inspira, expira
Ronda su
diversión
Se ofrece y
busca
Monedas para el viaje”.
El amor-no amor, será un aprendizaje brutal, salvaje, surgido de la bruma y del
humo intenso y borracho.
Seres sin
destino, envueltos en el humo terrible, asfixiante, tenebroso, encerrado y
paralizante. Personas sin libertad de elección, allí no es posible el amor.
“No sabrá que
amar
Es toreo de sol
y luna
Uno con el otro
obsequiarse.”
Víctimas de la
miseria, de la falta de oportunidades, del descuido social.
“Tiene sueños
que no vive
Se cobija en
retazos,
Abriga con
perros
Que tatúa
lunares”.
La falta del
ejercicio de derechos humanos, sesga lo más preciado en la vida de todo ser, el
derecho a la vida, a la vida digna. Postergado también el derecho a dar vida, a
emprender el desafío de la búsqueda y llegada de los hijos. Ellos son:
“frutos del alcohol”
“le duele el olvido
No los niños
La sostienen
Frutos a la
fuerza
Brutalidad
de borrachera”
El humo, la
cerrazón, los aromas, cubren como espesa neblina los hogares:
“Cerrazón de
olvido
Humo rancio
cubre el paisaje
Transparenta la
miseria
De la basura”
La cerrazón del
humo, no sólo es parte del paisaje, es al mismo
tiempo “cerrazón de olvido”, límite que separa el espacio de quienes pueden
vivir con dignidad y de los “Otros”, que se convierten en actores con “niños
sahumados que comen manjares en códigos vencidos”.
La cerrazón del
humo, tapa los ojos, ahoga el corazón y la conciencia de tanta gente que no
conoce o se niega a conocer .
Así también
aparece la responsabilidad de aquellos actores sociales que “preocupación de
campaña son : “olvido de estrados
De ciegos hacia
afuera”.
Cuál será la
carga más pesada?
La carga más
pesada no sólo son los cartones, ni los
inconvenientes climáticos, ni el tránsito, ni las enfermedades, ni el destrato
de los demás.
La carga más
pesada es la “miseria que lo acorrala”, la exclusión social, el no ser alguien,
la pérdida de su propia identidad, la falta de conciencia de sí mismo, la no
trascendencia.
“El humo rancio
del aire” debería ser la condena de la conciencia de quienes frente a cada elección prometen “cosas”, también de
todos los que critican a las víctimas de esta terrible situación social y el silencio estremecedor de toda la
sociedad. Sí. De todos y cada uno de nosotros.
“Decir que los
hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr
concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa”. Paulo Freire.
El autor y el
universo poético:
“Un poema comienza porque hay una poderosa
presencia que precisa ser imaginada como ausencia” Bloom Harold, “Cruce
poético, retórica y sicología”-1930. Publicado en H. Poetics of influence. Ed. J.Hollander, New Haven, Henry
R. Schwab 1988.
Esa poderosa
presencia llevan los sujetos poéticos en este universo de tanta fatalidad y
a la vez tanta
belleza, imaginado por el poeta.
“Rosalba pasea
en carroza
Heroína de los
cestos de la calle
Cenicienta de
nuestras cenizas
Cartonera en
sepia urbana.”
Ella habita un
poblado cuyo nombre es olvido, como dulce doncella anda maquillada pero su
destino trágico, indefectiblemente la lleva a vivir en la indecencia y la falta
de dignidad.
La ternura, la
inocencia, la frescura y transparencia de su nombre, la musicalidad lograda a
través de su nombre y de las figuras poéticas que la designan, muestran el
contraste entre la belleza, la trasparencia y la suciedad del medio.
En el poema “Cautivo
social”, crea el universo poético más estridente que la dignidad humana pueda imaginar.
Con pocos y hermosos versos:
“Sumergido en la
cajita
Destila el fuego
Urgencia animal
No discrimina,
viola
Reparte hambre,
miseria
Esperma
ignorante”
Rosalba crece
alucinando como toda niña adolescente una realidad ausente, la Alicia en el
país de las maravillas, sin embargo no le pertenece. La magia crece en los
versos llenos de movimiento, en los que se plasma un ritmo casi de danza:
En la calle
cortada
Aspira, se inspira, expira
Ronda su
diversión
Se ofrece y
busca
Monedas para el
viaje”
La realidad de
Rosalba es “vislumbrar aprendizajes” que surgen del amor salvaje, del alcohol y
de la miseria.
Las terribles
imágenes que muestra la realidad del paisaje urbano, propio de un sector
excluido de la sociedad, es tomado y amalgamado con imágenes líricas de
profundo sentido, creando el poeta un universo de belleza y de tristeza, que
involucra con cierta impotencia al lector.
En el poema
“Residuo no recolectable”: la indigencia de los seres, personas que brindan un
servicio piadoso, adjetivo metafórico, lleva una carga semántica que
parece gritar desde la quietud, la resignación y la categoría de “ornamento del
paisaje”, asignan el grado más alto en cuanto a la miseria soportable.
Despojados de
toda dignidad, aguardan sin expectativas, “debajo de cartones/tirita la
esperanza.”
“no recrea
fantasmas irreales
Es otro el
espanto,
Ilusiona
guardapolvos,
Calzados,
hogares dignos.”
El universo
poético representado en este poemario, se compone a través de la interrelación,
tal como lo ha estudiado Wordsworth del “ethos” y el “pathos”.
El “ethos”
significa “costumbre”, “imagen”, “rasgo”. Hoy se utiliza para referirse al
carácter de un individuo o actidud de un grupo o sector. (El grupo o sector de
los cartoneros).
Pathos “pasión”
en griego etimológicamente sufrir. Se utiliza para referirse a la cualidad de
alguien, que provoca sentimientos de pena o siente compasión por el otro”.
Entre ethos y
pathos se embriaga el autor para instalar su subjetividad en el sufrimiento, en
la pena, en lo que él mismo anuncia al comienzo del libro, apelando a que su
mirada coincida con la del lector. Y verdaderamente lo logra.
lunes, 12 de mayo de 2014
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