Beso añorado
Dibuja corazones
el sahumerio en el aire
y el beso que añora.
Sobre la ciudad la niebla
pierde el rumbo a los suicidas.
Las ventanas miran retratos en sepia.
Para las agujas en la esquina
un Carlitos que reparte soles.
Gotean las flores el frío de la mañana
el calor del ojal
ilumina su nombre.
lunes, 3 de agosto de 2009
Búsqueda - Cuento breve
Búsqueda
Caminó una cuadra, dos, tres; se paró en cada esquina y miró hacia todos lados.
Volvió a su casa afligido pero al abrir la puerta, se dio cuenta de que había buscado sin sentido.
El mismo, todavía no había salido de su casa.
Caminó una cuadra, dos, tres; se paró en cada esquina y miró hacia todos lados.
Volvió a su casa afligido pero al abrir la puerta, se dio cuenta de que había buscado sin sentido.
El mismo, todavía no había salido de su casa.
Desde la oscuridad llegó la revelación
Desde la oscuridad llegó la revelación.
Quise adquirir lo mismo que había visto en un documental, la sabiduría de los chamanes.
Averigüé dónde podía encontrar a alguien así y allá me dirigí. Tuve que viajar hasta un pequeño poblado donde vivía uno de buena fama y le expliqué cuál era mi intensión, que me enseñara cómo se lograba ese prodigio.
En un principio se negó pero debido a mi insistencia y el ofrecimiento de unos pesos, aceptó.
Nos encaminamos hacia un monte que estaba alejado de la población. Mientras lo hacíamos, le escuché que murmuraba una especie de mantra y en ocasiones, se detenía para hacer un gesto a un lado y otro con una especie de báculo que me pareció eran bendiciones.
Nos internamos en el monte y caminamos en silencio hasta llegar a un claro. Era un lugar donde comprendí que realizaba sus ceremonias porque había un círculo de piedras y en el centro vestigios de fogatas.
Antes de entrar en él, se volvió hacia mi, sacó de un bolso un collar de cuentas y me lo colgó, lo mismo hizo con otro en su cuello. Luego se calzó una vincha con adornos de hueso y espejitos. Me pidió que inclinara la cabeza y para purificarme, según dijo, me echó un poco de aguardiente en la nuca.
Entramos en el círculo. Encendió una fogata y me dio para que bebiera un chifle de guampa. Lo sorbí con cautela; tenía un gusto entre ácido y amargo. Me hizo toser en los primeros tragos.
Sentados frente al fuego, comenzó a entonar cánticos en un lenguaje que no entendí mientras hacía ritmo con un sonajero de calabaza decorado con cuentas de colores. Me pidió que cantara con él.
De vez en cuando, tomaba un trago mientras perdía la vista en el fuego, me hamacaba y cantaba.
Al rato, comencé a entrar en un sopor; luego, vi que el fuego comenzó a tomar formas extrañas y colores que jamás había imaginado. Escuchaba sonidos extraños y voces ininteligibles hasta que todo se hizo oscuro, vacío, un espacio donde era la nada, insustancial. De pronto, desde la oscuridad en una explosión de luz de colores cambiantes, me llegó la revelación, clara y simple.
Ahora que sé cuál es, puedo decirles en qué consiste; consiste en hacer el viaje personal de su búsqueda permanentemente, un viaje íntimo, intransferible, sin final, desde la simpleza de la vida.
Quise adquirir lo mismo que había visto en un documental, la sabiduría de los chamanes.
Averigüé dónde podía encontrar a alguien así y allá me dirigí. Tuve que viajar hasta un pequeño poblado donde vivía uno de buena fama y le expliqué cuál era mi intensión, que me enseñara cómo se lograba ese prodigio.
En un principio se negó pero debido a mi insistencia y el ofrecimiento de unos pesos, aceptó.
Nos encaminamos hacia un monte que estaba alejado de la población. Mientras lo hacíamos, le escuché que murmuraba una especie de mantra y en ocasiones, se detenía para hacer un gesto a un lado y otro con una especie de báculo que me pareció eran bendiciones.
Nos internamos en el monte y caminamos en silencio hasta llegar a un claro. Era un lugar donde comprendí que realizaba sus ceremonias porque había un círculo de piedras y en el centro vestigios de fogatas.
Antes de entrar en él, se volvió hacia mi, sacó de un bolso un collar de cuentas y me lo colgó, lo mismo hizo con otro en su cuello. Luego se calzó una vincha con adornos de hueso y espejitos. Me pidió que inclinara la cabeza y para purificarme, según dijo, me echó un poco de aguardiente en la nuca.
Entramos en el círculo. Encendió una fogata y me dio para que bebiera un chifle de guampa. Lo sorbí con cautela; tenía un gusto entre ácido y amargo. Me hizo toser en los primeros tragos.
Sentados frente al fuego, comenzó a entonar cánticos en un lenguaje que no entendí mientras hacía ritmo con un sonajero de calabaza decorado con cuentas de colores. Me pidió que cantara con él.
De vez en cuando, tomaba un trago mientras perdía la vista en el fuego, me hamacaba y cantaba.
Al rato, comencé a entrar en un sopor; luego, vi que el fuego comenzó a tomar formas extrañas y colores que jamás había imaginado. Escuchaba sonidos extraños y voces ininteligibles hasta que todo se hizo oscuro, vacío, un espacio donde era la nada, insustancial. De pronto, desde la oscuridad en una explosión de luz de colores cambiantes, me llegó la revelación, clara y simple.
Ahora que sé cuál es, puedo decirles en qué consiste; consiste en hacer el viaje personal de su búsqueda permanentemente, un viaje íntimo, intransferible, sin final, desde la simpleza de la vida.
Plegaria verde
Plegaria verde
Repitieron las paredes el llamado
contestó la ausencia
con voz de incógnitas.
En el banco de una iglesia
pintó una plegaria verde
bendijo con agua de mar
al corazón que tañó al ausente.
Encendió una vela
al pie de la milagrosa
buscó despejar la bruma
poner un faro al navegante
hacia el puerto de ansiedades.
Repitieron las paredes el llamado
contestó la ausencia
con voz de incógnitas.
En el banco de una iglesia
pintó una plegaria verde
bendijo con agua de mar
al corazón que tañó al ausente.
Encendió una vela
al pie de la milagrosa
buscó despejar la bruma
poner un faro al navegante
hacia el puerto de ansiedades.
domingo, 5 de julio de 2009
Día del Escritor
DIA DEL ESCRITOR
La noche del 13 de junio había llegado con todos sus fríos. Estaban mezquinas las luces del sábado y los peatones de las calles de la ciudad histórica.
Pero la nueva Comisión Directiva de SADE había convocado a la cita, y los letrófilos de a uno o dos fuimos llegando a sabiendas los muchos, escépticos los mínimos de la calidad de los invitados al escenario.
La antesala se cargó de saludos, noticias propias e hilachas caídas en la espera del comienzo, hasta más allá de la tolerancia como debe ser a nuestra mala costumbre. En la mesa de los vinos preparada para el brindis del final, un enjuto extraño de barba blanca y gorra negra con dibujos rojos, ignorado por los presentes apuraba un vino tinto. El poeta invitado a dar el recital, pedía con la mirada a los organizadores que lo rescaten de las alabanzas y besuqueos de señoras mayores.
Ubicados en el salón, luego de la consabida puesta a punto de los micrófonos, como todo acto que se precie, y alguna música de celular inoportuna, hubo bienvenida a la celebración del Día del Escritor y agradecimientos de la presidenta de la SADE Filial del Río Uruguay, Susy Quinteros. A continuación, el vicepresidente Julio Vega celebró este día recordando a Leopoldo Lugones y su legado. Luego, los integrantes de la nueva comisión, tuvieron la gentileza de obsequiarle al presidente anterior Luis A. Salvarezza, un presente en reconocimiento a la labor desarrollada durante su gestión.
Finalizada la parte protocolar, se apagaron las luces del salón del teatro 1º de Mayo. Una pantalla suspendida en el frente comenzó a mostrar una sucesión de imágenes de películas clásicas y afiches desde la época del cine mudo; una música de fondo las acompañaba, no había texto alguno, solo recordarlas hacían vacías las palabras, se estaba convocando a la sensibilidad. Recordando, amando, lagrimeando aquellas “Historias en 16” en las que Marcos Silber nos introduciría a través de sus “Thrillers” poéticos.
Volvieron a encenderse algunas luces, las suficientes para el clima del momento. El poeta subió al escenario, acercó un taburete casi al borde y con los textos en una mano y el micrófono en la otra sin más trámite en el silencio, su voz grave comenzó con un Corto de introducción: “La luz se apaga. Se inicia el ritual, la vida se muda a otra dimensión. El milagro se ilumina. Aparece la imagen. Se encienden los motores de la emoción.”
El extraño de barba blanca y gorra sube al escenario, desde el fondo regresa con un saxo colgado de su cuello. Marcos habla de la niebla del Brooklyn en la noche y Sergio Paolucci, el del saxo, nos abraza y mete dentro de ella con su música. Y se suceden las imágenes decidas en cadencias. Nos pasea por el Bronx, la 17, el Flamingo, el Queens, y vemos los cabellos de fuego de Dorothy Sánchez; paseamos en el Lincoln 250hp dos carburadores de Rand -Peste- Moretti y le damos la mano a Chester Cornwell y a otros más, mientras Bernie Logan se mete en el espíritu de Sergio y ya nadie lo maldice en la noche, se lo admira mientras levanta su saxo y toca con voz humana.
Se suceden las grandes historias, aquellas de todos los días, las de la miseria, amores, desesperaciones, de los mundos marginados. Marcos nos vivencia estos “Thrillers” como “obertura de la película que sigue, la que vendrá, la que aún nos debe la vida…”
Suceden hasta que se apagan las luces del salón, pero tienen algo de mi propia película y quedan imágenes colgadas en la emoción.
Resuenan mis pasos en los zaguanes, la brisa fría de la noche trae sonidos de bronce y surge la pregunta: ¿doblarán por mí, las campanas?
La noche del 13 de junio había llegado con todos sus fríos. Estaban mezquinas las luces del sábado y los peatones de las calles de la ciudad histórica.
Pero la nueva Comisión Directiva de SADE había convocado a la cita, y los letrófilos de a uno o dos fuimos llegando a sabiendas los muchos, escépticos los mínimos de la calidad de los invitados al escenario.
La antesala se cargó de saludos, noticias propias e hilachas caídas en la espera del comienzo, hasta más allá de la tolerancia como debe ser a nuestra mala costumbre. En la mesa de los vinos preparada para el brindis del final, un enjuto extraño de barba blanca y gorra negra con dibujos rojos, ignorado por los presentes apuraba un vino tinto. El poeta invitado a dar el recital, pedía con la mirada a los organizadores que lo rescaten de las alabanzas y besuqueos de señoras mayores.
Ubicados en el salón, luego de la consabida puesta a punto de los micrófonos, como todo acto que se precie, y alguna música de celular inoportuna, hubo bienvenida a la celebración del Día del Escritor y agradecimientos de la presidenta de la SADE Filial del Río Uruguay, Susy Quinteros. A continuación, el vicepresidente Julio Vega celebró este día recordando a Leopoldo Lugones y su legado. Luego, los integrantes de la nueva comisión, tuvieron la gentileza de obsequiarle al presidente anterior Luis A. Salvarezza, un presente en reconocimiento a la labor desarrollada durante su gestión.
Finalizada la parte protocolar, se apagaron las luces del salón del teatro 1º de Mayo. Una pantalla suspendida en el frente comenzó a mostrar una sucesión de imágenes de películas clásicas y afiches desde la época del cine mudo; una música de fondo las acompañaba, no había texto alguno, solo recordarlas hacían vacías las palabras, se estaba convocando a la sensibilidad. Recordando, amando, lagrimeando aquellas “Historias en 16” en las que Marcos Silber nos introduciría a través de sus “Thrillers” poéticos.
Volvieron a encenderse algunas luces, las suficientes para el clima del momento. El poeta subió al escenario, acercó un taburete casi al borde y con los textos en una mano y el micrófono en la otra sin más trámite en el silencio, su voz grave comenzó con un Corto de introducción: “La luz se apaga. Se inicia el ritual, la vida se muda a otra dimensión. El milagro se ilumina. Aparece la imagen. Se encienden los motores de la emoción.”
El extraño de barba blanca y gorra sube al escenario, desde el fondo regresa con un saxo colgado de su cuello. Marcos habla de la niebla del Brooklyn en la noche y Sergio Paolucci, el del saxo, nos abraza y mete dentro de ella con su música. Y se suceden las imágenes decidas en cadencias. Nos pasea por el Bronx, la 17, el Flamingo, el Queens, y vemos los cabellos de fuego de Dorothy Sánchez; paseamos en el Lincoln 250hp dos carburadores de Rand -Peste- Moretti y le damos la mano a Chester Cornwell y a otros más, mientras Bernie Logan se mete en el espíritu de Sergio y ya nadie lo maldice en la noche, se lo admira mientras levanta su saxo y toca con voz humana.
Se suceden las grandes historias, aquellas de todos los días, las de la miseria, amores, desesperaciones, de los mundos marginados. Marcos nos vivencia estos “Thrillers” como “obertura de la película que sigue, la que vendrá, la que aún nos debe la vida…”
Suceden hasta que se apagan las luces del salón, pero tienen algo de mi propia película y quedan imágenes colgadas en la emoción.
Resuenan mis pasos en los zaguanes, la brisa fría de la noche trae sonidos de bronce y surge la pregunta: ¿doblarán por mí, las campanas?
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