miércoles, 11 de febrero de 2009

Poesía

Cuerpo más cuerpo

Arrojaron los horizontes
las constelaciones
fueron pájaros
plumas violetas rojas verdes
pintaron sus vuelos
colgados de los planetas.

Mirarse hacia adentro
en uno y en otro
fue desnudarse las vértebras
encontrar la otra media luna
alquimia de lo esférico.

Un cuerpo sumó más cuerpo
y habitaron la infinitud.

Narrativa

El banquito del abuelo

Tengo que resignarme, ya no creo que alguien me salve. Mucho tiempo ha pasado desde mis días de recién hecho, de la grata compañía del abuelo y los nietos; aunque con ellos vino la perdición. Ahora estoy aquí tirado entre cosas viejas, descolado y sin una pata. Si me viera Don Pedro el carpintero que me hizo con tanto cariño para regalárselo al abuelo.
Lo recuerdo cuando mateaba a la tardecita y le tiraba migas a los chingolos. En cada mate estiraba los pensamientos y a veces, se me aflojaban las espigas cuando no sé porqué, se le escapaba una lágrima. Fueron los mejores días sentirlo conmigo, en otro no se sentaba, me quería mucho.
Me hubiera gustado tenerlos alzados a los pequeños pero, me tiraron; así como tiraron al abuelo en un geriátrico, a mí como parte de él, también me tiraron.

SINTETICUENTO - Cuento breve

De costumbre
Como de costumbre regresaba del trabajocaminando por la calle polvorienta bajo el fuego solar de la siesta.
A cada paso se resecó su mísero cuerpo, hasta que solo en polvo llegó a su casa.
Y como de costumbre, ignorándolo, su mujer pasó el trapo sobre le televisor y lo quitó de donde se había posado.

martes, 20 de enero de 2009

Tallado

Cuadro tallado en madera de cedro

Poesía

El visitante

El visitante de otoño
nació de la bruma
flotó la barca
sobre impávidas rocas
no la detuvieron
un latido era el faro.

Traía violetas
fotos amarillas
caricias aún en las manos.

Tenía cansancio
ignoró las derrotas
quedaron a su nuca
desembarcó en la playa
de plumas y ecos.

SINTETICUENTO - Cuento breve

El relojero

El mulato Vitginio era quien pasaba la hora cada media cuadra por todo el barrio.
Para él, la importanica de su trabajo era la vida misma del vecindario.
Cuando murió, la gente se detuvo en el tiempo y ya no hizo más nada, hasta que les nombraron a otro que les marcara el ritmo de sus existencias.

Aquel viaje en tren

Aquel viaje en tren

El tren pasaba por el terraplén rodeado de agua hasta casi las mismas vías, aquel año en que hubo la mayor de las crecientes.
Josengo con sus cinco años, viajaba de regreso hacia su pueblo natal y el convoy se desplazaba muy lento como asegurando las pisadas, como temiendo desbarrancarse y caer al agua.
El niño miraba con ojos de temor a su alrededor y hacía silencio como los demás pasajeros esperando una señal apocalíptica. Ni siquiera la belleza de los nenúfares que flotaban en grandes masas a los costados lo distraía. De pronto, escuchó un silbido extraño, profundo que le erizó la piel y buscó con la mirada el origen del mismo pero, no lo encontró.
Con miedo y una vocecita de llanto, le dice a su madre que puede ser el silbido de una víbora y ésta actitud, la molesta reprochándole su comportamiento que alteraba a los demás.
Nuevamente se hizo el silencio, esta vez, lo sintió más profundo.
Solo escuchó el trac, trac acompasado de las ruedas sobre los rieles.
Pasados unos minutos del altercado y cuando las tensiones de todos se iban aflojando, nuevamente se escuchó un silbido más agudo que el anterior y Josengo dando un brinco, se aferró al brazo de su madre buscando protección.
Y esta vez, su rostro se lo imploraba.
Entonces, sonriendo sarcásticamente y dándole consuelo le dijo que no se asuste por esa tontería puesto que a ese sonido, lo hacía otro niño de unos asientos más adelante tocando una ocarina.